El infravalorado arte de la retirada

El presidente de Estados Unidos nos desvela el secreto de su éxito, pero no se lo cree ni él.

Cuenta Donald Trump que cada día recibe “una tonelada de cartas” pidiéndole consejo. Es una afirmación que conviene tomar con cautela, especialmente porque la hace en el mismo libro en el que escribe que “no hay razón” para no echar de cuando en cuando “un pequeño farol” y alardear de algo “como si lo hubieras conseguido”. Todo en este hombre es inmoderado, en especial la aversión a la moderación. “Conocí a un joven con una destacada trayectoria a sus espaldas, pero era tan modesto que […] acabé por no contratarlo”.

En cualquier caso, reciba o no una tonelada de cartas, es indudable que muchas personas sienten curiosidad por saber cómo ha llegado Trump a ser Trump y él reúne en un capítulo una serie de FAQ (frequently asked questions). He aquí unas pocas:

Pregunta. ¿Teme al fracaso?

Respuesta. Soy prudente, pero no miedoso.

P. ¿Sale a almorzar fuera?

R. Muy raramente. Prefiero comer algo en mi mesa.

P. ¿Qué hace en vacaciones?

R. No cojo vacaciones.

P. ¿A qué hora se levanta?

R. A las cinco de la mañana.

El retrato que emerge del libro es el de alguien obstinado, valiente, trabajador. Trump se lamenta de que muchos “piensan que poseo el toque de Midas y que todo me resulta sumamente sencillo”, pero la relación de obstáculos que ha tenido que superar es formidable. “Figuro en el Libro Guinness de los Récords por protagonizar el mayor descalabro económico de la historia”, dice. Es otro farol. Sus quiebras ni siquiera están entre las 10 mayores de Estados Unidos, pero es innegable que ha realizado importantes méritos en el terreno concursal. A principios de los 90 le iba en concreto tan mal que el Wall Street Journal y el New York Times lo dieron por amortizado.

Pero rendirse “era algo que jamás se me había pasado por la cabeza”, y ese es su gran consejo: “Nunca tires la toalla”. Con él titula su libro.

Es una tesis discutible. Es cierto que, como él sostiene, los que siempre ganan son los que nunca se rinden, pero eso no significa que los que nunca se rinden ganen siempre. Muchos pierden, pero no nos enteramos porque apenas reciben publicidad. Las editoriales encargan sus memorias a Trump, no al señor que vive realquilado con 50 años porque está empeñado en ser actor.

El fracaso es inevitable, todos vamos a experimentarlo y tirar la toalla a tiempo es un saludable ejercicio de higiene. Hasta Trump lo ha practicado. En 1989 decidió operar un puente aéreo entre Nueva York, Boston y Washington. “Tenía un jet privado” y sabía “cuáles eran las comodidades de las que querría disfrutar un viajero”, así que redecoró unos Boeing 727 “con molduras de madera de arce y bonitos accesorios” y lanzó la Trump Shuttle para “ofrecer un lujo auténtico a los pasajeros”.

Por desgracia, lo “golpeó la tormenta perfecta”: una huelga de mecánicos, la invasión de Kuwait, el colapso de su grupo inmobiliario… Aunque “estaba convencido de que la Trump Shuttle despegaría”, en 1992 debió vendérsela a US Airways. “Se trata de uno de esos casos en los que sabes que la mejor decisión es dejarlo, cortar la sangría y pasar a otra cosa”.

O sea, nunca tires la toalla, salvo cuando tengas que tirarla.

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