La desdivisión del trabajo

En la oficina moderna todos hacemos de todo: contestamos correo, tecleamos documentos, reservamos restaurantes. La informática ha revertido la especialización que impulsó la Revolución industrial.

En uno de los sucesivos ERE que ha sufrido Unidad Editorial nos quitaron a la secretaria de redacción, de modo que ahora cada cual rellena sus propias notas de gasto. Soy una persona bastante organizada y, cada vez que voy a una comida, viajo o aparco por cuenta de la empresa, solicito el correspondiente recibo y anoto detrás el motivo, la fecha y el importe. Después, lo doblo cuidadosamente y lo guardo en un sobre que generalmente engorda hasta adquirir las proporciones de un monstruo de ciencia ficción, porque no hay nada que me dé más pereza que cumplimentar formularios.

Siempre he atribuido esta aversión al papeleo a mi incorregible alma de bohemio (los artistas hemos venido al mundo para crear belleza, no para facturarla), pero resulta que podría tener además un fundamento económico, según Tim Harford. “El progreso”, argumenta en el Financial Times, “ha sido posible gracias a la división del trabajo”. Las anteriores revoluciones industriales impulsaron la productividad al descomponer labores complejas (como fabricar alfileres) en acciones sencillas (estirar el alambre, cortarlo, afilar una punta y embotar la otra), mucho más rápidas de ejecutar.

Con la informática, este proceso se ha revertido. “En una oficina moderna ya no hay teclistas”, dice Harford. Todos tenemos que sacar adelante nuestra correspondencia y nuestras presentaciones. Los directivos juntan “penosas diapositivas que nadie tiene ningún interés en mirar. También pasan gastos, reservan billetes y hacen la compra en el supermercado. Nada de esto tiene sentido”. Harford incluso señala que esta desdivisión del trabajo sería en parte responsable de la mala marcha de la productividad en los países desarrollados, que ha pasado de crecer el 1% anual a registrar tasas negativas, lo que compromete el bienestar de las futuras generaciones

¿Estamos poniendo en peligro las mismas bases de la civilización occidental?

No lo creo, al menos en periodismo. Llevo lo suficiente en este oficio como para saber cómo eran las cosas antes. Cuando entré en Marca en 1984, no había ordenadores, sino unas enormes y ruidosas Olivetti. Los reporteros nos limitábamos a escribir las noticias, que luego debían componerse, corregirse, imprimirse en papel fotográfico, encerarse y montarse. Gracias a los modernos sistemas de edición, todas esas tareas las hemos asumido nosotros. El tiempo que nos han ocupado, ¿en qué lo invertíamos antes?

En nada en particular. La jornada era más corta. Empezaba a las cinco de la tarde y raramente se dilataba más allá de las 11. No teníamos móviles para distraernos, pero no los necesitábamos. Leíamos prensa, hablábamos, fumábamos. Sobre las mesas no era excepcional ver botellas de whisky, especialmente después del cierre, cuando solíamos ponernos una copa y echar una manita de mus mientras esperábamos a que nos trajeran de la rotativa los primeros ejemplares con la tinta fresca.

Francisco Umbral decía que de joven le gustaba entregar sus columnas en mano, porque en las redacciones siempre había montada alguna tertulia o alguna timba, pero ahora son como oficinas de banco. Salvo instantes puntuales, la gente se dedica a teclear en silencio. Muchos igual están subiendo vídeos de gatitos a YouTube, pero así y todo son infinitamente más productivos que hace tres décadas.

Me encantaría que la salvación de Occidente dependiera de que nos devolvieran a la secretaria, pero me temo que el tiempo liberado gracias a ello no iba a emplearlo muy fructíferamente.

5 comentarios en “La desdivisión del trabajo

  1. ¿Tal vez se vivía con menos estrés antes? Lo digo por las actividades en las que se invertía el tiempo antes…

    “En nada en particular. La jornada era más corta. Empezaba a las cinco de la tarde y raramente se dilataba más allá de las 11. No teníamos móviles para distraernos, pero no los necesitábamos. Leíamos prensa, hablábamos, fumábamos. Sobre las mesas no era excepcional ver botellas de whisky, especialmente después del cierre, cuando solíamos ponernos una copa y echar una manita de mus mientras esperábamos a que nos trajeran de la rotativa los primeros ejemplares con la tinta fresca.”

    Salud! (hoy desde CDMX),
    d.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s