Ventajas de ser del Atlético de Madrid

No les ocultaré que a veces cuesta, pero una vez mirados los pros y los contras, compensa.

Hace unos días sufrí una lipotimia durante una visita a la T4. Mi mujer se alarmó cuando me vio rodeado de cables en un box de la Princesa, pero yo estaba tranquilo. Como me dijo un amigo: “Los del Atleti tenéis el corazón a prueba de bombas”. Si hemos sobrevivido a la final de Lisboa, podemos con cualquier cosa.

No les ocultaré que a veces cuesta. Siendo niño, durante una de las prolongadas sequías de títulos que los rojiblancos sufrimos periódicamente, mi hermano Alberto decidió que ya no podía más. Llegó del colegio, tiró la cartera encima de la cama y exclamó: “¡Estoy harto! ¡Me voy a hacer del Real Madrid!”

“Qué buena idea”, pensé.

Pero no se puede. La vinculación temprana con unos colores es resistente a cualquier disolvente racional.

¿Qué nos impulsa a hacernos seguidores de un club? Durante el franquismo se consideraba que el deporte era el opio del pueblo y, cuando en 1984 me contrataron en el Marca, varios conocidos me dieron una piadosa palmadita en la espalda, convencidos de que me incorporaba a un sector en declive. Creían que el diario se había vendido hasta entonces porque la dictadura no ofrecía muchas alternativas y que, en cuanto la democracia madurara y la gente se diera cuenta de que podía leer lo que quisiera, se abalanzaría sobre las obras completas de Kafka y Dostoievski

No podían estar más equivocados. Las audiencias de la Champions y de las Olimpiadas no han parado de crecer. El Madrid-Atlético de San Siro lo presenciaron 350 millones de espectadores y los Juegos de Río, 3.500 millones.

La palanca que mueve estas gigantescas cifras no es política, sino psicológica. Un estudio de 1976 explica que la identificación con un equipo permite disfrutar de sus éxitos como si fueran propios. Los investigadores comprobaron que, después de una victoria, era habitual que los aficionados se refirieran a los jugadores en primera persona del plural: “Hemos ganado”, “Somos los mejores”, “En la segunda parte nos los hemos comido”, etc. También descubrieron que esta tendencia era más acusada entre los individuos cuya autoestima se había rebajado previamente sometiéndolos a un breve cuestionario y diciéndoles que lo habían hecho mucho peor que los demás encuestados.

Ser hincha no parece tan mal negocio. Aunque las probabilidades de derrota son elevadas, porque “solo uno puede ganar”, como escribe Ben Healy, cuando llega el gol, lo vives como si la chilena la hubieras ejecutado tú. Y en la derrota siempre te queda el consuelo de pensar que todos los que aúllan en la Cibeles son unos pobres diablos que no tienen nada más de qué alardear en la vida.

Además, otros trabajos revelan que recordamos más los éxitos que los fracasos y, en los experimentos en los que los psicólogos torturan a los sujetos observando que tarde o temprano todos moriremos, los aficionados a los deportes gestionamos mejor el miedo y reaccionamos con más optimismo.

Igual que yo en el box de la Princesa.

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