¿Cómo es posible que alguien le sea infiel a Jennifer Aniston?

Nos acercamos a la realidad provistos de nuestras teorías y, cuando no encajan, retocamos la realidad, no las teorías.

A menudo, mientras veo viejos capítulos de Friends, me sorprendo pensando que a esas actrices tan espectaculares sus maridos las engañan. Jennifer Aniston, en particular, ha tenido una vida sentimental desafortunada. Ser guapa te da ventaja a la hora de escoger pareja y, si fuéramos trozos inertes de tejido biológico flotando por el universo, el éxito conyugal estaría garantizado. Cuando alguien es un 10 y selecciona a otro 10, no hay modo de maximizar la decisión y, por tanto, esa unión debería ser tan estable como un átomo de hierro.

Pero la atracción física es el paso inicial de una coreografía más sofisticada, que incluye el dominio de habilidades como la cortesía, el buen carácter, la lealtad… Por desgracia, la belleza nos deslumbra y no nos deja apreciar todas esas características morales de las que depende una convivencia feliz.

Enseña Nietzsche que el conocimiento es una operación peligrosa de la que uno no siempre sale indemne. Conocer no consiste meramente en entender, sino en asimilar, y requiere un acto de valor que no siempre estamos en disposición de dar. Todos hemos tenido a algún conocido atrapado en una relación tóxica. Sabía que su pareja era mala para él, porque nos había confesado con detalle los desprecios y las humillaciones a que lo sometía y, sin embargo, volvía una y otra vez a buscar su compañía estúpida e irracionalmente.

Un estudio realizado por el Departamento de Psicología de la Universidad de Harvard desentrañaba hace poco la naturaleza de nuestro trato con la verdad. Venía a decir que nos acercamos a la realidad provistos de nuestras teorías y, cuando no encajan, retocamos la realidad, no las teorías. Por ejemplo, todos los indicadores objetivos insisten en que el mundo es hoy un lugar mucho mejor que hace 50 años (y no digamos que hace 500 años), pero como no queremos renunciar a nuestro pesimismo, ampliamos la definición de injusticia. Si para Marx era intolerable que se sometiera a los obreros a jornadas de 15 horas, para nosotros lo es que no puedan ir de vacaciones al menos una semana al año.

¿Y por qué no queremos renunciar a nuestro pesimismo?

Las ideas no son únicamente cosas que nosotros decimos, sino también cosas que dicen de nosotros. Construyen nuestra identidad, nos sirven de signos externos de lujo. Presumimos de ser socialistas o liberales como otros presumen de tener un BMW o un novio con abdominales de titanio.

Conocer es, por ello, un acto implacable de honestidad. Exige abrirse paso entre la maraña de nuestro ego y renunciar a esas cosas que las ideas dicen de nosotros para quedarnos con lo que escuetamente dicen de las cosas.

No es sencillo y no todos se atreven a plantearse que, tras esa soberbia presencia, quizás Brad Pitt oculta una personalidad no tan seductora.

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