La infantilización de la política

Todo es posible para nuestros jóvenes populistas. Su inspiración no es el Manifiesto Comunista, sino el Imagine de John Lennon: “Es fácil, si lo intentas”.

No sé si se nos ha ido la mano con el rejuvenecimiento de nuestros políticos. Las últimas semanas se las han pasado riñendo por las notas y porque a fulanita la habían pillado copiando y a menganito le habían soplado la tesis. Tras el relevo en el PP, resulta que ahora Iglesias es uno de los mayores y se chulea mucho. Le pasa el brazo por encima del hombro a Sánchez, se lo lleva a un rincón del recreo donde no lo oyen los vigilantes y le dice que no haga caso del director del Colegio [de Comisarios] y que él conoce un sitio donde no hay déficits presupuestarios. “¿De verdad?”, exclama Sánchez mirándole con gesto de incredulidad. Iglesias asiente calladamente con la cabeza. “Son un invento de la derecha, ¿no lo sabías? Como los reyes”.

“¿Los reyes no existen?”

“Son una anomalía democrática”.

“¿Qué cuchicheáis?”, interviene Calviño de pronto. Calviño es la típica empollona que se sienta en primera fila y se chiva a la troika de los que tiran bolas de papel en el fondo del aula o juegan al Candy Crush en el móvil. En el Colegio están preocupados por las malas compañías de Sánchez. “Es buen chico”, dicen los comisarios, “pero en el patio se junta con cada uno…” Le han pedido a Calviño que no lo pierda de vista, pero la chica no da abasto y siempre llega cuando ya lo han convencido de alguna ocurrencia.

“La solución en Cataluña es un diálogo abierto, sincero y directo”.

“Vamos a crear un impuesto especial para la banca”.

“Es una inmoralidad vender bombas a Arabia Saudita”.

Todas estas iniciativas, bienintencionadas donde las haya, son también reveladoras de la infantilización del momento actual. Hace ya algunos años, durante una comida con un grupo de periodistas, le preguntamos al entonces presidente qué pensaba hacer respecto de no sé qué cuestión (pudo ser Cataluña, pero no estoy seguro). “Es un asunto muy complicado”, vino a confesarnos. “He consultado con mucha gente. Unos me dicen que haga una cosa, otros que haga otra y estoy hecho un mar de dudas”.

Esta incertidumbre de político viejo contrasta con la arrogancia de los políticos nuevos. Todo es posible para estos jóvenes populistas. Su inspiración no es el Manifiesto Comunista, sino el Imagine de John Lennon: “Es fácil, si lo intentas”. Solo hay que ponerse a ello y entonces el lobo morará con el cordero, el leopardo se tenderá junto al cabrito y apaciguaré la tierra.

Pero cuando se ponen a ello descubren con espanto que el lobo descuartiza al cordero, el secesionismo no se apacigua, la banca traslada la subida fiscal a sus clientes y Arabia cancela las corbetas si no le facilitas las bombas.

En 1939, con el planeta ardiendo por los cuatro costados, Ortega y Gasset decía en Argentina: “Cuando atendemos ingenuamente lo que los hechos manifiestan, podría uno preguntarse si no habremos venido los hombres a este mundo precisamente para no entendernos, pues no cabe negar que el no entendernos es cosa que sabemos hacer concienzudamente. Son muchas las causas de esa normal y tenaz mala inteligencia. Pero entre ellas hay una que […] es, acaso, la decisiva [y es que] creemos que es fácil entendernos”.

En política no hay nada fácil, por pegadizo que sea el estribillo de Lennon y por mucho que Iglesias insista en que conoce un sitio donde no hay déficits presupuestarios.

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