El escuadrón (no) suicida del Frente del Pueblo Judaico

La exigencia de una virtud extrema a los políticos es un idealismo hipócrita e inaplicable.

Cuando llegó a la Moncloa, Pedro Sánchez ajustó los detectores anticorrupción con la máxima sensibilidad y ahora se pasan el día aullando.

—¿Qué ha sido eso? —preguntó al poco tomar posesión, mientras hojeaba unos papeles en su despacho.

—Es Màxim —le respondieron—. Por lo visto, creó una sociedad para declarar menos a Hacienda.

—A la calle —dijo Sánchez sin pestañear, y siguió con los papeles.

La imposición de severos umbrales éticos a los representantes públicos parece una gran idea, pero parte del equívoco que atribuye los males recientes de España a la indecencia de nuestros gobernantes. Se engaña quien crea que la Gran Recesión fue fruto de la venalidad de los responsables políticos y económicos, y que otros más honestos nos hubieran ahorrado el desastre. La seguridad absoluta no existe. El matemático John Allen Paulos relata el experimento de tres investigadores que emularon un negocio de elaboración y venta de cerveza, “con fábricas, mayoristas y minoristas, todo de pega. Introdujeron regulaciones verosímiles sobre pedidos, existencias y plazos, y pidieron a directivos, empleados y otras personas que […] jugaran como si todo fuera en serio”. No tardaron en detectar “variaciones imprevistas”, “graves retrasos en los pedidos” y “una sensibilidad extrema a cualquier pequeño cambio”.

Es lo que establece la teoría del caos. En cualquier sistema dinámico (como la economía o la atmósfera) una alteración minúscula da lugar a escenarios radicalmente distintos y, en ocasiones, catastróficos. “El lector de prensa”, aconseja Paulos, “debería ser muy cauto ante […] las crónicas que señalan causas únicas” para situaciones complejas, como las crisis, porque están sujetas a fuerzas que las hacen “poco predecibles”.

Esta inestabilidad del capitalismo es independiente de la integridad de los ministros. El hecho de tener a unos benditos al frente del país no garantiza su buen gobierno. Maquiavelo ya denunció esta trágica inconsistencia entre moral pública y privada, “la convicción”, escribe Isaiah Berlin, “de que los valores políticos no son solo diferentes, sino que pueden ser incompatibles con la ética católica”. Y cita el ejemplo de Filipo de Macedonia, que guiaba a los pueblos como si fueran rebaños, “lo cual no es cristiano, ni siquiera humano”, pero resulta obligado “si uno quiere forjar un imperio poderoso”.

Sobre el mensaje de los Evangelios no se construyen naciones prósperas. Cuando se reduce la política a la moral, como pretenden los apóstoles de la regeneración, la energía se dispersa y el debate pierde foco. El problema de Pedro Duque no es si paga pocos impuestos, sino si paga los que debe (parece que no). Y el problema de Dolores Delgado no es si llamó maricón a Grande Marlaska en broma o queriendo (allá ella), sino si faltó a su obligación de perseguir delitos al limitarse a comentar: “Éxito garantizado”, cuando Villarejo le confesó que había montado una “agencia de modelos” para extorsionar a “todo el mundo”.

La política requiere límites objetivos y compartidos, y estrecharlos con una exigencia extrema es hipócrita e inaplicable. El propio Sánchez ha debido interrumpir su campaña de fumigación porque corría el riesgo de quedarse sin ministros. De hecho, de acuerdo con sus rigurosos criterios, él mismo debería haberse hecho el harakiri, como el escuadrón del Frente del Pueblo Judaico, mientras exhalaba: “Así aprenderán estos romanos”. Se le ha criticado ferozmente por no inmolarse, pero si bastara la mera sospecha de trato de favor para tumbar a un presidente, pocos podrían aspirar al cargo.

Al final, estamos igual que estábamos con el PP, algo que únicamente lamentarán quienes, por ingenuidad o por cálculo electoral, juegan a confundir ética y política. Cada una tiene su ámbito y su cometido y los de la segunda son, como propone Berlin, “mejorar la humanidad por medios accesibles, no demandando una virtud inalcanzable a la que solo los santos pueden aspirar”.

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