Lo siento, mamá, pero el mejor modo de encontrar las cosas es no ordenarlas

Amazon y la ciencia confirman lo que cualquier adolescente sabe: que ser organizado no compensa.

Tengo un amigo que cuelga sus camisas por orden alfabético de colores: azul, blanco, rosa… A mi madre le hubiera encantado. Su modelo ideal de organización es una biblioteca, donde hay un sitio para cada cosa y cada cosa está en su sitio. “Así”, razona, “todo se encuentra más rápidamente”.

Pues resulta que no. En Amazon los operarios sueltan los artículos en el primer hueco libre que encuentran, igual que hace su hijo adolescente con la parca cuando llega de clase. “Un cargamento de 50 tubos de pasta de dientes”, escribe Sarah Keller en Quartz, “puede acabar diseminado en 50 puntos distintos”. ¿Cuál es la lógica? Para empezar, ahorra espacio: si Amazon debiera reservar un estante para cada categoría de producto, los almacenes tendrían que ser aún mayores, y alguno ya ocupa nueve hectáreas.

Pero supongamos, además, que los dentífricos están a 100 metros de la caja. Cada vez que el recogedor necesite uno deberá recorrer esa distancia mientras que, si los tubos están repartidos aleatoriamente, existe una elevada probabilidad de que alguno le quede más cerca. “Dado que despachamos millones de artículos”, le explica un encargado a Keller, “todos los segundos que podamos arañar son relevantes”.

Gestionar un dormitorio no es tan exigente y la estrategia materna de un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio parece adecuada… pero tampoco. El psicólogo Tom Griffiths cuenta en este vídeo de TED que llega un momento en la vida en que es inevitable hacer una limpia y decidir qué prendas conservar y cuáles entregar al ropero. Existen diferentes criterios: ¿Hace cuánto tiempo que la compré? ¿Tengo otra igual? ¿Está en buen estado? ¿Cuándo fue la última vez que me la puse?

En su opinión, la pregunta relevante es la cuarta. “Su armario es como la memoria de una computadora”, argumenta. “Tiene una capacidad limitada y debe dar prioridad a aquello que emplea más a menudo”. Este mismo principio rige para la mesa de trabajo. “El economista japonés Yukio Noguchi”, cuenta Griffiths, “desarrolló un sistema de archivado que cumple esta propiedad”. Cogió sus documentos, los metió en una caja de cartón y, cada vez que consultaba uno, lo colocaba en el lado izquierdo. Al cabo de un tiempo, estaban clasificadas por frecuencia de uso y “descubrió que podía encontrar fácilmente lo que buscaba yendo de izquierda a derecha”.

Noguchi no inventó la pólvora. Es lo que hacemos cuando amontonamos los papeles sobre nuestro escritorio. Esa pila tan demonizada por nuestra madre es en realidad el modo más científico de organizar las cosas: arriba, lo que más utilizamos y abajo, lo que menos.

Es posible que, en el caso de unas camisas que deben estar planchadas y oler razonablemente, el método de mi amigo siga siendo superior, pero piensen en algún otro objeto que no necesiten a diario: el mando a distancia de repuesto, las instrucciones del lavavajillas o ese jersey que nos tejió con tanto cariño nuestra suegra. Seguro que lo guardó en un lugar que en su momento le pareció lleno de sentido, pero hace tanto que ya no se acuerda.

Su hijo adolescente no tiene ese problema. Le basta con meter la mano hasta el fondo de la pila.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s