Todo lo que necesitas no es amor

La diferencia entre la amistad indestructible y la hipocresía es que la hipocresía dura más.

Cuando EMI los contrató en 1962, los Beatles parecían unidos por una amistad indestructible. “John [Lennon]”, escribe Geoff Emerick, “había sido el adolescente con el que Paul [McCartney] se había consolado de la pérdida de sus seres queridos, el compañero con quien había recorrido el mundo […], el compositor con el que había creado tantas obras eternas”. George Harrison y Ringo Starr estaban un escalón por debajo, pero tanto John como Paul se esforzaban para que todos los elepés tuvieran su aportación: una canción de George, un tema interpretado por Ringo.

Nada de esto estaba estipulado. Simplemente, se dejaban llevar por el afecto. Disfrutaban con la compañía mutua y todo era muy divertido. En EMI las grabaciones no podían alargarse más allá de las 11 de la noche, pero amparados en su éxito rutilante no tardaron en saltarse todas las reglas. Entraban y salían cuando querían y hacían en general lo que les venía en gana. Para los coros de Yellow Submarine, Paul convocó a colegas como Mick Jagger, Brian Jones y otra gente. Emerick era el ingeniero de sonido. Recuerda el entrechocar de las copas de vino, el olor a hachís y cómo, cerca de medianoche, aprovecharon un descuido para escabullirse por una puerta trasera. Los encontró en una sala aledaña. Uno de ellos se había hecho con un bombo y lo golpeaba “mientras todos los demás desfilaban haciendo la conga y coreando We all live in a yellow submarine, yellow submarine. Una locura absoluta”.

Los Beatles siempre buscaron la fama, pero lo que les cayó encima superó cualquier expectativa. Lennon decía que eran “más populares que Jesús” y, cuando en 1967 la BBC los eligió para representar a Inglaterra en la primera emisión por satélite de la historia, reaccionaron como divos consentidos. Ante la consternación de Brian Epstein, su representante, “la respuesta del grupo fue… bostezar”, cuenta Emerick. Paul “no parecía nada interesado”, George siguió “afinando la guitarra” y únicamente John dijo sin ningún entusiasmo: “De acuerdo, haré algo para eso”. Ese algo fue Todo lo que necesitas es amor, el himno de la contracultura hippy.

A esas alturas, la banda ya presentaba grietas alarmantes. Paul, que siempre tuvo mucho protagonismo, había asumido un liderazgo excesivo debido a los experimentos de John con la heroína. El viaje a la India había acabado abruptamente cuando el gurú que iba a enseñarles a trascender su animalidad fue sorprendido intentando “montárselo con Mia Farrow y otras chicas”. Lo peor fue, de todos modos, la muerte de Epstein. Los Beatles decidieron gestionar personalmente sus finanzas y lanzaron como gran proyecto Apple, una discográfica distinta, concebida por y para los músicos, no por esos ejecutivos hipócritas que en el fondo detestaban el pop. La idea era llevar el desenfado de sus sesiones de trabajo al tenso mundo de los negocios, pero acabaron trayendo la tensión del mundo de los negocios a sus sesiones de trabajo. La simpática improvisación de Yellow Submarine degeneró en un caos intolerable. Ningún ingeniero de sonido quería hacerse cargo de sus grabaciones. Había que guardar esperas interminables y, cuando al fin aparecían, lo hacían de un humor acre, amargados por disputas económicas. “Era como estar sentado sobre un polvorín”, dice Emerick. Cualquier nimiedad encendía la mecha, como cuando Yoko Ono se comió una galleta de Harrison y este explotó fuera de sí: “¡La muy zorra!”

Los Beatles igual hubieran sobrevivido como sociedad limitada, pero como pandilla no tenían la menor posibilidad. Quizás pensaron que el afecto los había sacado de los tugurios de Hamburgo y podían no formalizar su relación pero, en contra de lo que su canción proclama, el amor no es todo lo que necesitamos. Hacen falta contratos, reglas y, sobre todo, buenos modales: ignorar el odio que nos roe, ceder aunque estemos convencidos de que llevamos razón, sonreír cuando el cuerpo nos pide morder… La diferencia entre la hipocresía de esos ejecutivos que tanto despreciaban John y Paul y su amistad indestructible es que la hipocresía dura más.

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