¿Por qué sigue la gente votando a Sánchez?

Aunque hay mucho de emocional en la adscripción ideológica, la decisión de apoyar a un candidato concreto es fruto de un sencillo cálculo racional: ¿cuál es la alternativa?

Cuando escribes en Google “mentiras de Pedro Sánchez” te salen 16,7 millones de resultados. Seguramente es una exageración del buscador, pero es difícil pensar en alguien menos de fiar. Fue tal la vehemencia con que aseguró que “no dormiría por la noche” con miembros de Podemos en el Consejo de Ministros, o que no había pactado con los independentistas y que “nunca es nunca”, que el 10-N me acosté convencido de que no habría coalición Frankenstein. No habían pasado ni 48 horas cuando se fundía en un fraternal abrazo con Iglesias. El acuerdo con ERC tardó más, pero el 31 de diciembre accedía a abrir “una mesa entre Gobiernos”.

“¿Se puede ser más caradura?”, pensé. Supongo que no fui el único, pero la traición no ha hecho mella en su expectativa electoral. Según la “cotización en tiempo real” que elabora Electocracia a partir de los diferentes sondeos, el PSOE apenas habría perdido un punto respecto de los últimos resultados (27% frente a 28%).

Resulta tentador concluir que la gente es idiota, pero yo nunca lo he creído. Cada individuo es el mejor juez de su propia felicidad y, aunque hay mucho componente emocional en la adscripción ideológica, la decisión de respaldar a un determinado candidato es fruto de un cálculo racional: ¿cuál es la alternativa?

Ocurre, sin embargo, que la vida rara vez brinda dilemas claros e indiscutibles. No vivimos en la casa ideal ni tenemos (o somos) la pareja perfecta. Hacemos lo que podemos dadas las circunstancias, y la política no es diferente. Aunque los partidos promueven sus programas como si fueran una solución integral y definitiva, pocos de nosotros los suscribimos de la A a la Z. Algunos votantes del PP consideran rancio su planteamiento en religión y algunos del PSOE preferirían que corrigiera su deriva liberal, pero, como me dijo una vez José María Maravall, la democracia deja mucho que desear desde el punto de vista técnico. “Con una papeleta debes manifestar si te gusta la gestión económica, la actuación exterior, la estrategia antiterrorista”.

¿Qué hacemos al final? Inclinarnos por la opción que sentimos más próxima. Esto era relativamente sencillo antes. Desde la Transición, las grandes formaciones han ocupado un espacio muy concreto. Si imaginamos el mercado electoral como un centro comercial largo y estrecho, el PSOE tenía su quiosco según se entra a mano izquierda y el PP, según se entra a mano derecha. Ocupaban la planta más concurrida. Arriba había también votantes, pero eran nacionalistas. Socialistas y populares los ignoraron hasta que, tras las autonómicas de 1999, Pasqual Maragall concluyó que jamás desalojaría a CiU de la Generalitat si no pactaba con ERC y se mudó al primer piso. Aunque cumplió su sueño de ser presidente, la cuota del PSC no ha dejado de caer desde entonces. Del 37,7% de 2000 pasó al 13,8% en 2017. La razón es obvia. Para seguir comprándole, hay que subir ahora escaleras y caminar un buen trecho a la izquierda. Parte de su clientela habitual ha acabado en la abstención y parte en el sótano, donde están quienes defienden la indisolubilidad de España: Ciudadanos y Vox.

¿Qué ha ocurrido en los últimos meses? En primer lugar, Rivera decidió que iba a disputarle el nivel de la calle a Casado y le ha dejado todo el sótano a Abascal. El PP, por su parte, asustado por el auge de Vox, se ha escorado a la derecha (aunque menos de lo que dice El País). Por último, siguiendo los pasos de Maragall, Sánchez ha decidido que el único modo de retener el poder es trasladarse a la planta nacionalista.

Sus partidarios no pueden estar contentos. De repente se encuentran con un tramo de escaleras con el que no contaban, pero Sánchez les ha asegurado que no va a moverse del centro, así que PP y Podemos los cogen todavía más lejos.

¿Mantendrá el presidente su palabra? Nadie lo sabe, pero es irrelevante. Si se ha salido con la suya hasta ahora no es porque los socialistas sean estúpidos y no se den cuenta de que miente, sino porque el coste de oportunidad de dejar de votarle era mayor. Pero si continúa elevando el precio y se adentra como Maragall al fondo a la izquierda, ni los más leales podrán acompañarlo en su travesía.

Un comentario en “¿Por qué sigue la gente votando a Sánchez?

  1. * “mentiras de Pedro Sánchez”= 281.000 resultados (no 16,7 millones)
    * PP corrupción= 14.400.000 resultados.

    Cuentas resultados de Google como el Madrid cuenta copas de Europa o los chuletas cuentan ligues a lo parchís (me como una y cuento 20).

    Por lo demás, interesante y muy brillante metáfora de los grandes almacenes, salvo en su conclusión, que el PSOE ha hecho como El Corte Inglés con Galerías, y se ha quedado solo con un montón de edificios en el centro de Madrid, con excepción de los corners para sus aliados, a cuatro esquinas (izquierda real, España Vaciada, burguesía conservadora de estilo europeo y pseudosocialismo expodemita tiernogalvanista carmeno-madaleno-vetónico) y los parkings para sus adversarios (que además se pelean por el del sótano derecha un montón de ellos, será que está junto a los baños, por las urgencias, ya se sabe…)

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