La tabernidad y los listos

Ayuso es igual un personaje de “escasa entidad intelectual”, como Tezanos dice, pero menuda paliza les ha dado.

Los cráneos privilegiados de la izquierda no se explican aún cómo Isabel Díaz Ayuso les ha dado sopas con ondas. José Félix Tezanos habla textualmente de su “escasa entidad intelectual”, pero todos los que se han enfrentado con esta enana mental han salido en camilla del cuadrilátero. Pablo Iglesias incluso ha tenido que dejar la política. ¿Cómo ha sido posible?

Carolina Bescansa atribuye su éxito a la estructura narrativa de su campaña. ¿En qué ha consistido? “Normalmente”, argumenta, “quienes se presentan a la reelección se basan en comunicar los logros de la gestión llevada a cabo”, pero “la cosa era difícil habida cuenta de lo ocurrido con la pandemia en Madrid”. De modo que “Ayuso optó por hacer una campaña típica de partido de oposición. ¿Pero de oposición a quién, si ella era la presidenta? Pues de oposición a Pedro Sánchez y al Gobierno de España, lo que le permitió eludir la rendición de cuentas”.

Que Sánchez y Ayuso han protagonizado el duelo capital de los comicios es innegable. El bueno de Ángel Gabilondo debía recordar a cada paso que el candidato socialista era él. Lo que es discutible es quién empezó la pelea y, en todo caso, no me daba a mí la impresión de que la izquierda estuviera a disgusto con este cuerpo a cuerpo. Al contrario, al principio lo jaleaba y le dedicaba titulares. Empezó a incomodarse cuando vio que Sánchez perdía una batalla detrás de otra: ni los cribados de antígenos eran inútiles, ni el pasaporte sanitario es un atropello contra los derechos humanos, ni se han maquillado los datos del coronavirus de la comunidad.

Esta última crítica es particularmente llamativa, porque revela lo contradictorio del relato armado contra Ayuso. Cuando Bescansa enfatiza que comunicar sus logros “era difícil habida cuenta de lo ocurrido con la pandemia”, se sobreentiende que el balance era irrefutablemente malo. ¿Por qué suscitaba el recelo de Sánchez? Se sospecha de los datos positivos, no de los negativos.

La razón es que el balance no era tan irrefutablemente malo. Si nos fijamos en los fallecidos por número de contagiados, solo en la primera ola registró Madrid una ratio superior a la media (sin llegar a ser nunca la peor de España). Ahora bien, en ese momento el control lo había asumido el Gobierno central y, hasta junio de 2020, las regiones “estuvieron ausentes de las principales medidas […] para combatir la epidemia”, como escribe la investigadora de Esade Sandra León. El juicio a Ayuso debería, por tanto, basarse en lo que sucedió a partir de ese relevo y lo que se aprecia es que desde entonces la letalidad en Madrid ha estado sistemáticamente por debajo de la media. Si se excluye la primera ola, Madrid es la autonomía con la tasa más baja: un muerto por cada 100 casos, frente a los 1,6 de media nacional.

Este logro ha sido, además, compatible con un superior dinamismo, como revela la Encuesta de Población Activa. En el primer trimestre, Madrid registró el mayor aumento del empleo y la mayor caída del paro (40.400 más y 50.300 menos, respectivamente).

Bescansa sostiene que “la principal cualidad de la candidata es que empatiza, pero no con los enfermos o sus familias, como habría tratado de hacer cualquier candidato al uso”, sino “con un grupo mucho mayor, el compuesto por todas las personas que no están enfermas ni lo han estado, pero padecen las restricciones impuestas por las autoridades sanitarias”. Es lo que más desagarradamente Tezanos llama “la tabernidad” y habrá que esperar a los estudios poselectorales, pero no parece una afirmación congruente con la edad de su electorado. Según el informe que el propio CIS publicó en abril, la franja más nutrida de quienes apoyan al PP (voto más simpatía) es la de los mayores de 65 años, que no han sido precisamente los menos afectados por el covid.

Por el contrario, apenas el 5,3% de los votantes de Más Madrid supera los 65. El principal caladero de Mónica García son las cohortes de entre 18 y 24 años, es decir, esas “personas que no están enfermas ni lo han estado, pero padecen las restricciones”.

En vez de insultar a quienes votan al PP (si es que puede evitarlo), Bescansa debería considerar otras explicaciones. Por ejemplo, que muchos madrileños han visto cómo Ayuso, bien asesorada desde el área de Sanidad, ha intentado minimizar el impacto sanitario y maximizar el económico y, cuando la Moncloa la ha dejado, lo ha logrado. Por eso ha ganado y les confieso que el que Bescansa ande tan despistada en sus análisis es una tranquilidad para quienes llevamos años denunciando sus hipócritas esfuerzos por “construir un sistema distinto y mejor”.

Como decía Napoleón, no hay que distraer al enemigo cuando se equivoca.

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