La muerte de Hume

¿Cómo afrontó el trance postrero “el gran infiel”? ¿Se arrepintió y pidió confesión o se aferró por el contrario a sus convicciones antirreligiosas?

En agosto de 1776 muchos británicos aguardaban expectantes noticias de David Hume, que agonizaba en su lecho víctima de un cáncer de colon. A lo largo de su carrera, el historiador y filósofo escocés se había granjeado una justificada fama de impío. En su Investigación sobre el entendimiento humano había desechado los argumentos sobre la existencia de Dios y la vida eterna y en sus Cuatro disertaciones había responsabilizado a la religión de instigar “los crímenes más horribles”.

Hume no era un ateo recalcitrante, sino lo que hoy consideraríamos un agnóstico o, como se les llamaba en el siglo XVIII, un escéptico. Comparado con muchos ilustrados franceses, que sí profesaban un celo intolerante contra los creyentes, no dejaba de ser un triste mojigato. Cuando en 1763 visitó París, los philosophes se rieron de “su estrechez de miras”, cuenta Dennis Carl Rasmussen, y añade: “Debió de ser una sorpresa admirable descubrirse de repente siendo objeto de mofa por no librarse lo suficiente de las ataduras de la religión”.

No era esa su reputación en el mucho más devoto Reino Unido. Allí se le conocía como “el gran infiel” y por eso había tanta curiosidad por saber cómo afrontaría el trance postrero. ¿Se arrepentiría, pediría confesión y expiraría en paz? ¿O se aferraría por el contrario a sus erróneas convicciones y, sin el consuelo que proporciona la fe, perecería desgarrado por el desasosiego y la desesperación?

Hume era consciente del interés que su muerte suscitaba y, para no defraudar a su público, inició en abril la redacción de un opúsculo en cuyas páginas declara con brutal lucidez que sufre una enfermedad “fatal e incurable” y que prevé fallecer pronto, aunque no por ello ha cambiado ni sus opiniones ni su modo de vida.

Como era previsible, el librito desató la ira de los puritanos. “Vivimos una época de insolencia desvergonzada”, comentaría el ensayista James Boswell. Él mismo había visitado meses atrás a Hume, no por deferencia o humanidad hacia un pobre moribundo, sino para cerciorarse de que nadie podía mantenerse escéptico hasta el último aliento.

“Fracasó estrepitosamente”, escribe Rasmussen.

Ni siquiera puede alegarse que Hume se preparase para el examen. Se tropezaron de forma inopinada en mitad de la calle, mientras Boswell caminaba “apresurado porque llegaba tarde a la iglesia”. En la descripción del encuentro que haría posteriormente a otro ilustre conservador, Samuel Johnson, no pudo ocultar que Hume estaba “plácido, casi feliz”. Boswell no se anduvo por las ramas: le soltó a bocajarro si seguía sin creer en el más allá. “Claro”, ironizó el filósofo, “y es posible que un pedazo de carbón no arda al ser arrojado a las llamas”. “¿No le inquieta entonces la idea de la aniquilación?”, insistió Boswell. “Dejar de existir”, respondió Hume, “no me perturba más que pensar que, antes de nacer, no había existido”.

“Estaba fingiendo, caballero”, dictaminó Johnson cuando Boswell le refirió la entrevista. No es una tesis descabellada. En El hombre en busca de destino, el psiquiatra Viktor Frankl explica cómo el sufrimiento se vuelve más tolerable cuando lo dotamos de un propósito y pone el ejemplo de un joven al que los médicos acababan de desahuciar. “Aquel muchacho”, prosigue Frankl, “se acordaba de haber visto una película sobre un hombre que esperaba su muerte con valor y dignidad” y pensó que “era una gran victoria” y “ahora el destino le brindaba la oportunidad” de “alcanzar tamaña grandeza”.

También Hume quizás solo pretendiera acrecentar su leyenda, pero aquel empeño le ayudó en cualquier caso a morir tal y como había vivido”, escribe Rasmussen, “con un buen humor sorprendente y sin echar mano de la religión”, demostrando que hasta un escéptico puede dejar este mundo “con serenidad y elegancia”.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s