Cómo sacar provecho de los cuñados

La gente desperdicia generalmente los comentarios desagradables. Es un error. El amor es ciego, pero el odio es penetrante.

La familia es la base de la civilización occidental: eso explica su atormentada historia. ¿Le ha enseñado alguna vez a su cuñado un coche nuevo? No se fija en el elegante diseño ni en la tapicería de cuero ni en los bafles autoamplificados. Va derecho adonde más duele. “¿Lleva asientos calefactados?” Naturalmente, no los lleva. ¿Y han discutido de religión con su cuñada? El domingo se me ocurrió hacer un comentario sobre los evangelios y ella dijo: “¿Ah, sí? ¡Cuánto sabes!” Sólo el tono ya daba miedo. Luego me fue acorralando como una experta ajedrecista hasta que quedé en una posición insostenible, balbuciendo sonidos inconexos. Me dio rabia, no voy a negarlo, pero también pensé: “Qué suerte tener una cuñada que se sabe de memoria a Küng y me ayuda a poner en evidencia estas lagunas inadvertidas de mi formación”. Porque Plutarco escribió Cómo sacar provecho de los enemigos, pero yo tengo a mis cuñados. Seguir leyendo